De Sepé a Gardel

27 Nov 2015
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De Sepé a Gardel

Historias y crónicas de Tacuarembó

Tapa del Libro

Hace algunos años, durante una visita que efectuábamos a Tacuarembó junto al Profesor Elbio Álvarez Aguilar, Director de “El Diario Medico”, el Director del Hospital Regional, mi querido amigo Dr. Ciro Ferreira Márquez, conociendo mi inquietud por reunir información de algunos viejos médicos de ese querido Departamento, tuvo un gesto para mi inolvidable. Tomo el teléfono, lo llamo a Usted, y poco rato después, me lo presento, porque había aparecido allí trayendo abundante material, recortes de periódicos, semblanzas ya publicadas y otros materiales que nos permitieron terminar la edición del libro “Médicos Uruguayos Ejemplares” tomo III, que habíamos emprendido varios años antes con el Prof. Dr. Fernando Mañé Garzón. Desde allí mantuvimos una relación poco frecuente, pero rica en aportes, referencias y sugerencias para una temática que, ahora descubro, Usted venía largamente trabajando.

Quiero iniciar ese comentario con una felicitación sincera al autor, por las apariciones de tan hermoso libro, de cuya existencia supe por verlo entre las novedades de la distribuidora Gussi, en la que hago de tarde en tarde alguna incursión.

Lo leí de un tirón en muy pocos días. Cuando llegue a los primeros comentarios sobre San Gregorio de Polanco salí a comprar otro para dejarle a mi querido amigo el Prof. Dr. Dante Petruccelli Romero, oriundo de aquel poblado, que siempre recuerda con cariño, así como su infancia, sus maestras y la farmacia de su padre.

Este libro me aporto mucho conocimiento en tan diversos campos, que he quedado anonadado. No hay materia, época o personaje que esté ausente. Ayuda a comprender el sentido del pago más grande de la Patria y explica el justo orgullo que sienten los nativos de Tacuarembó por sus raíces.

Muestra la coherencia en defender políticas de Estado, desde lo departamental, que fortalecen el accionar de los sucesivos gobiernos y son ejemplo notable de la descentralización. Trata con prolijidad y respeto a las más diversas corrientes de opinión y aporta un cúmulo de información sobre cada etapa de la historia, desde diferentes ángulos, enriqueciéndola e integrándola. Por allí desfilan la presencia de nuestros Charrúas, con Artigas y la Patria vieja, los primeros pobladores, el relato del exterminio del Indio, y el rastro de los últimos sobrevivientes, hasta la muerte en alguna pulpería del último Cacique Sepé, en campos de su protector, José Paz Nadal. Se van integrando en una sucesión cronológica quienes fueron desarrollando las primeras poblaciones, y puede seguirse sin dificultad el trazado de familias enteras que desde los fundadores perviven hasta el presente, en sus descendientes o en sus obras.

Alegra cuando este lector se sorprende con figuras conocidas por su actividad, pero desconocidas en su origen en Tacuarembó, que aquí se señala. Con un cuidadoso tratamiento de información que permite reconocer el origen de su familia, la época en que se establecieron, quiénes eran sus padres, y en qué tiempo ocurrió cada hecho significativo, fundación, sucesión, transformación. Diferenciando, sin discriminar, quienes son nativos del terruño y quienes son hijos adoptivos, porque llegaron y lo quisieron como su lugar de vida.

He descubierto numerosos médicos que han realizado aportes de significación para el quehacer de distintos núcleos urbanos. Que sin embargo permanecen desconocidos u olvidados, si no fuera por que aquí el autor los rescata.

Aporta al conocimiento cultural, en sentido amplio, en lo político, la organización del territorio y sus sucesivos cambios. Al desarrollo social, económico, con sus diversas explotaciones y sus propias historias, que enriquecen y difunden actividades como la extractiva que ha quedado parcialmente olvidada, pero que en su tiempo fue la California oriental, como Usted con acierto lo describe. A la evolución económica y por sobre todo, demográfica, que permite visualizar un crecimiento sostenido de la población, que va condicionado el desarrollo y siendo motor de su potencia creadora.

A la evolución de la rica tarea educativa desde la fundación de la primera escuela y cómo se fue dando el reconocimiento de una necesidad elemental, organizándose antes que lo dispusiera el Estado, por el impulso de sus progresistas habitantes. Lo mismo que la fundación del primer hospital por la Comisión de Damas de Caridad. Todo lo que tiene que ver con la actividad cultural, en el más amplio sentido, con el surgimiento de núcleos y personajes que trabajaron en lo deportivo, literario, musical, las artes plásticas, y el destaque de las figuras que alcanzaron mayor relieve y sus respectivos logros. La agropecuaria y sus repercusiones nacionales e internacionales, con el trabajo de sus cabañeros, o de alguno de ellos que alcanzó reconocimientos tan importantes como desconocidos. Lo industrial, desde los coramberos y elaboradores de tasajo hasta el Frigorífico de Tacuarembó, que puede ubicarse como la principal fuente de empleo del Departamento, sostenida a lo largo de las décadas, y con prestigio que trasciende fronteras. La historia del Agua Tónica Paso de los Toros, desde el surgimiento del producto hasta su expansión a la región y el mundo, que desconoce que Rómulo Mancini fue su laborioso creador. Lo religioso, con la construcción de la primera parroquia en San Fructuoso, y de las que le siguieron en otros núcleos poblados, y toda su peripecia al calor de principales figuras, como Jacinto Vera y el episodio de la Cruz, hasta alcanzar el Obispado de Carlos Parteli y su primera carta pastoral, con sus repercusiones.

Las figuras políticas de los siglos XIX y XXX, muchos de ellos muy destacados por sus aportes y sacrificios, como Washington Beltrán o Lorenzo Carnelli, que dieron origen a diversas fracciones dentro del Partido Nacional. El mérito de sus jefes políticos y caudillos locales, muchos de los cuales, haciendo gala de ese espíritu tan arraigado permitieron un continuo desarrollo del Departamento, continuados a través de las décadas, como el Ing. Manuel Rodríguez Correa, el Agrimensor Raúl Saturnino Goyenola (a quien sólo conocíamos por el nombre del Estadio) y la obra del Arquitecto Walter Domingo, así como tantos otros que han contribuido a la Obra Pública, actuando luego como legisladores y ministros. Pero también se rescata y dignifica la labor del legislador departamental, aquel que a través de la historia ha contribuido con su señalamiento y propuestas a atender las necesidades de la gente y a mirar en el largo plazo, construyendo futuro. Como la creación de los Centros de Barrio, factor de integración local y de servicio a la comunidad, original de su pago.

La influencia del ferrocarril, como medio de transporte de carga y pasajeros, que dio lugar a que fuera más conocido Paso de los Toros, como nudo ferroviario, y que tan olvidado está, siendo un modo tan valioso para el desarrollo nacional. La historia de la Represa del Rincón del Bonete, y el rescate de un recuerdo para el Ingeniero Víctor Soudriers, generador también de la primera iniciativa legislativa para la construcción del Hospital de Clínicas, que con los años llevaría con justicia el nombre de “Dr. Manuel Quintela”.

Se sorprende encontrar historias como la de José Tomás Mujica, que enseñó m´sica, armonía y contrapunto a tantas figuras. Y que era tan mencionado hace más de cincuenta años en los programas del SODRE, cuando al mencionar el curriculum de algún intérprete señalaba que “estudió con Tomás Mujica”, que permanecía escondido detrás de un grueso telón de ignorancia. Pero aquí se rescata su historia, su vinculación con Guillermo Kolischer, y su fundamental contribución al Conservatorio Municipal de Cultura. Y que resultó maestro del autor, que tuvo la fortuna de conocerlo y valorarlo. O la de Santiago Luz con su clarinete y su triste pasado cuando fue enviado como niño expósito al Asilo. Pero que muestra claramente cómo un hombre de valor pudo salir adelante y trascender fronteras, haciendo un aporte magnífico a la música de nuestro ambiente y reconocido por figuras de la talla de Louis Armstrong y Cab Calloway.

La influencia en la plástica de Joaquín Torres García y sus seguidores tacuaremboenses, como Julio Alpuy, Jonio Montiel, Dumas Oroño. O en la literatura con Alfredo Gravina, Tomás de Mattos, Sylvia Puentes de Oyenard, o músicos como Eduardo Darnauchans y Eduardo Larbanois, Numa Moraes y tantas otras figuras.

Martha Gularte, la “vedette” y su propia historia, también criada en el Asilo de Huérfanos y Expósitos, y capaz de proyectarse como figura que se grabó en la historia del Carnaval, pero que sin embargo no se conoce tanto su ancestro. Los Intendentes, con sus diversas denominaciones, dirigidos ellos por un proyecto local perseverante y sostenido a lo largo de décadas, que pocas veces es justamente reconocido, señalándose más sus errores que la mayoría de sus aciertos, y que Usted toma con tanto cariño y justicia. Ahí se proyectan familias como la de Pero María Chiesa, que desde diversos sitios y a través de un siglo, han permitido orientar y continuar un esfuerzo sostenido hacia el progreso.

Leonel Viera y sus revolucionarios aportes a la ingeniería. Un hombre que generó nuevos conceptos en la construcción de obras emblemáticas, como el Cilindro Municipal de Montevideo, o el Puente ondulante de la Barra de Maldonado. Pero aparecen allí recuerdos insólitos como su participación como co-director técnico de la empresa constructora del puente internacional Paysandú-Colón, o la distinción por la construcción del puente sobre el río Potomac en Washington DC. Que no llegó a titularse de ingeniero pero tuvo tanto valor o más que si lo hubiera alcanzado.

Washington Benavides y su enseñanza de la literatura y la creación artística, figura tan querida en su pago con tanta repercusión nacional, cuyas raíces se hunden en un bisabuelo capitán de la época artiguista, o un abuelo coronel entre los vencedores de Masoller. Y la influencia que él tuvo en la creación del “Grupo de Tacuarembó”, que tantas figuras ha proyectado en los últimos cuarenta años.

Las visitas de los presidentes de la República a diversos puntos de Tacuarembó, a través de los siglos XIX y XX, están señaladas, así como los motivos y los festejos. Junto con figuras que serían luego Presidentes de la nación Argentina, o el derrocado Jango Goulart, que estuvo vinculado a una explotación agropecuaria modelo en cuanto a ser el primer dique construido para el cultivo del arroz en Uruguay.

Las historias de Carlos Gardel, con las principales referencias a su reivindicación oriental y nativo de Tacuarembó, así como la de Irineo Leguisamo, de quien fue tan cercano amigo, nos dejan, aparte del mérito de rescatar su peripecia personal, una sutil reflexión sobre lo que significa la defensa de la vida, en tiempos que se discute la liberalización del aborto. Si estas madres solteras no hubieran conocido su misión, nos habrían privado de dos figuras centrales de una rica parte de nuestra historia nacional y regional.

La figura señera de Ildefonso Pereda Valdés y su reivindicación de la cultura negra en el Uruguay, tan valiosa como injustamente olvidada. O la estampa menuda en su estatura, pero grande en su vocación, del Padre Domingo (“Fray Domingo de Tacuarembó”) que consagró su vida a la actividad pastoral en Maldonado, donde era tan querido como admirado. O las obras del Padre Jaime Ros, tan unido a la historia de su pueblo y reconocido hasta hoy. O el escultor José Bulmini, asociado a la obra presente en tantas plazas de Tacuarembó.

Sin duda, el Maestro Dardo Ramos tuvo en su obra por la historiografía local un aporte de valor indudable. Pero esta obra suya la amplía y enriquece, dándole nuevas y más brillantes perspectivas.

Por último, aunque debiera haberlo mencionado en el principio, José María Monterros Devesa, a quien un día Usted me dirigió para conocer algo más de los artículos que él había escrito sobre el médico Ramón Juega Charlín, y a quien tuve el gusto de conocer, puedo descubrir por fin, que era oriundo de la Coruña, pero con un vínculo tan fuerte con Tacuarembó como si también fuera de su tierra. Que con toda justicia ha recibido la “Vieira de Prata”, como allí se consigna. Sin duda ha sido un puntal importante en su aporte genealógico y en su magisterio metodológico en la investigación histórica, y es muy justo que haya realizado el prólogo de este hermoso libro, porque sin duda es un “padrino” de lujo para esta obra tan valiosa.

En síntesis, creo que su obra enriquece la mente y ennoblece el alma de quien lo lea, además de aportarle conocimientos y una enorme riqueza de información sobre hechos, obras y personajes.

Considero que la obra merece la mayor difusión, porque demuestra con qué rigor se ha trabajado en una tarea de los altos méritos, fundada en una paciente investigación de muchas décadas.

Lo felicito nuevamente, y le deseo el mayor éxito con esta obra monumental. Que debería ser de lectura obligatoria para los políticos, pero también para los maestros, profesores, estudiantes, profesionales y ciudadanos de todos los rincones del País, que podrán apreciar lo que es la construcción de un tejido social tan comarca tan destacada.

Con el mayor aprecio,

Dr. Antonio L. Turnes

Montevideo, 11 de enero de 2009

Modificado por última vez en Viernes, 27 Noviembre 2015 17:45
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